La ansiedad es la otra faceta de la depresión. Ambas pertenecen a  la misma enfermedad: pensamientos negativos que nos llevan a proyectar la mente en el pasado (depresión) o en el futuro (ansiedad). Esto nos hace afrontar  de una forma inadecuada el momento presente.

La ansiedad  es  la anticipación involuntaria de miedos o desgracias que aún no han sucedido  y que tal vez  nunca lo hagan. Es un sentimiento que invade nuestras vidas, un factor de alerta en nuestro cuerpo cuando sentimos un peligro (real o imaginario).

Las personas que sufren ansiedad  sienten pánico y poseen un gran sentido de inseguridad; desean huir a pesar de no poder identificar ni el peligro ni los motivos de ese afán de huida.  Tras la ansiedad se oculta, por tanto, una profunda desvalorización e impotencia que nos lleva a creer que no somos capaces de afrontar y gestionar con éxito las situaciones.

En descodificación biológica, la ansiedad es una señal necesaria que nos avisa de que hay presente una situación conflictiva sin cerrar. En algunas ocasiones, puede ser por el hecho de haber vivido  o presenciado un acontecimiento impactante, terrorífico o peligroso. Quizás la pérdida de un ser querido, un acoso, un asalto, abusos, accidentes,  el padecer una determinada enfermedad, etc. Sin embargo, esto no siempre sucede, y a veces   afecta a personas muy autoexigentes que no se sienten a la altura y no se ven capaces de afrontar según qué situaciones; eso les provoca mucho miedo a fracasar ante los demás.

Desde el punto de vista transgeneracional, se puede estar en conexión con alguien de nuestro clan familiar que haya pasado por situaciones de sufrimiento. Estas memorias inconscientes pueden estar originando ataques de pánico  y ansiedad profunda, por la sensación de un peligro inmediato  inevitable vivido por un ancestro con el cual tenemos cierta lealtad.

¿Cómo liberarse?

Es totalmente común tener miedos pero debemos ser conscientes de que hay que disfrutar del presente, dejando el papel de víctima y trabajar más en nosotros mismos para ganar confianza, sin sentir la presión de tener que demostrar nada a nadie. A veces cuando nos forzamos a querer controlarlo todo, conseguimos el efecto contrario.

En caso necesario, es importante conocer también el árbol genealógico de la familia, para investigar posibles acontecimientos violentos.

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